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El Balneario de Liérganes es el balneario de la región del que se tienen noticias históricas más antiguas. Efectivamente, ya en 1670, en el famoso "Espejo cristalino de las Arguas de España, Fuentes, Bas Thermales, etc." del Doctoral Don Alonso Limón Monter, Catedrático de la Universidad de Alcalá, se habla de la "Fuente Santa" de Liérganes. La cita es recogida por Martínez Mazas y por Sojo y Lomba, quienes citan asimismo el "Compendio de Albeiteria" escrito en Madrid hacia 1717 por Fernando de Sande, en el que se dice de la Fuente Santa "que tiene grandes virtudes". En general existen noticias de que "a fines del siglo XVII, ya se utilizaban las aguas por los enfermos de las inmediaciones".
Sin embargo, es en los siglos XIX y XX cuando el balneario conoce su mayor desarrollo. Su esplendor coincide con el momento de mayor éxito de los establecimientos balneoterápicos. El proceso comienza a finales del siglo XVIII, momento en el que se aprecia una creciente preocupación por los problemas de higiene pública. Las teorías higienistas, el paradigma de las topografías médicas y, en general, el desarrollo de las teorías médicas facilita la instalación de una "política de la salud" en los Estados ilustrados y alienta la creación de una serie de establecimientos balnearios, que configuran una arquitectura propia y distinta. En Cantabria este tipo de establecimientos proliferan extraordinariamente. La publicación de numerosas topografías médicas difunde la popularidad "climática" de Cantabria como zona "sana". Liérganes se ajusta perfectamente al perfil pintoresco de la "brumosa Cantabria" buscado por el turista romántico.
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